¡Shh…! Haga silencio, por favor

     Para el poblador de una ciudad, pequeña o grande, no debe resultar extraño relacionarse con los ruidos que le dan “vida” común. Resulta familiar que atraviese el ciudadano un bosque de altos postes de los que penden cables, como lianas, sobre las calles y así avancen por la ciudad. Allí, los cables alimentan de energía eléctrica equipos de sonido y aparatos que repliegan diversos sonidos difíciles de interiorizar. Por si fuera poco, en la callese vuelve mucho más complejo: oímos el ruido de los vehículos avanzar pesadamente sobre el asfalto y a los vendedores ambulantes gritar sus promociones. El último resguardo parece ser dentro de algún transporte público, y sin embargo, el ciudadano se ve amenazado por la estridencia de la música movida elegida por el conductor. Nosotros mismos, a veces, somos parte de este coro distorsionado contra el orden. 
     Cumaná es una ciudad de pequeñas dimensiones, lo que hace que reflexionemos acerca de su espacio público. La razón nos permite comprender hasta qué punto los cumaneses tienen paciencia. El bombardeo sonoro al que nos hemos referido no es más que una pequeña y resumida muestra de lo que acontece en nuestro día a día. El problema es sencillo de definir: somos una ciudad ruidosa.
     Indiscutiblemente, requerimos de asistencia pronto. ¿Cómo resolver estos ataques? Siendo más conscientes. La cortesía sonora es sencilla de aplicar, considerando que no necesitamos más energía que bajar el volumen de nuestras acciones: usted y yo tenemos derecho a ser escuchados y respetar no cuesta nada.

Más pulmones, más vidas

     Desde temprano en la mañana, puede escucharse el sonido urbano de la ciudad, las voces acrecentarse poco a poco en una urbe que despierta con lentitud hasta que, de repente, parece viva con personas yendo a realizar sus tareas diarias. Se ven los puestos de las empanaderas, areperas y panaderías como puntos de encuentro para las conversaciones amables del cumanés sobre los temas recientes y las apresuradas decisiones del quehacer diario.
     Estas rutinas dejan poco espacio para resguardarse o liberarse de la tensión que ocasionalmente provocan. Solo nuestra atención y prudencia logran establecer opciones para esto. Y es que la vida siempre premia con movimientos perpetuos que dirigen hacia los únicos grandes pulmones de la ciudad: nuestros parques.
     Los resguardos de una ciudad en movimiento constante son siempre los parques y las plazas. Ahí, donde se reúnen felizmente las edades, la experiencia y la juventud, requieren de una atención tan grande como la que demanda los espacios ciudadanos del compartir. Y, más importante aún, la atención de estos sitios de esparcimiento conduce al mejoramiento de nuestro ambiente y calidad de vida.
      Entonces, ¿por qué no sembrar pulmones? El rescate de nuestro singular Parque Guaiquerí y el mantenimiento del Parque Ayacucho formarían ambientes adecuados para nuestro presente y futuro. Las plazas, como en la antigüedad, que sean también sitios de reunión, de grato encuentro y de descanso de la rutina de nuestra vida cumanesa.¿Nuestra parte? Conservar estos pulmones y que sea sinónimo de convivencia. Que haya verde y habrá pulmones henchidos de vida.

Cuando el deber llama

El ciudadano es aquel que pertenece a la ciudad, que vive en ella y hace que la misma se llene de vida. Sin el ciudadano, la ciudad no es más que un estante vacío, descuidado y frío que no tiene la más mínima atención. Por esta razón, el ciudadano es el que se ocupa, en conjunto con los demás, de mantener su lugar de ocupación en orden, con limpieza y de rigurosamente cumplir con las normas establecidas para su cuidado.
      Cumaná se enfrenta a grandes retos a medida que el número de ciudadanos crece. Ahora, el deber es de muchos más, por lo que es momento de decir que nuestro gran deber es cuidar de ella tanto como se pueda. Actualmente, el gran deber que el cumanés tiene con Cumaná es ampliar sus expectativas hacia el futuro.
       Una ciudad que se acerca silenciosa y rápidamente a los 500 años confiere un deber aún más amplio, considerando que tiene el privilegio de ser llamada “Primogénita del Continente”. Es nuestro deber conferir a Cumaná su ampliación de límites, y con esto, luchar por sus vías de comunicación, su formulación arquitectónica y, sobre todo, resguardar su seguridad.
    Este mes, el deber nos llama a ser conscientes de las carencias y dejar a un lado las diferencias para contribuir a un mismo fin: es nuestro deber contribuir en la búsqueda del bienestar de todos.


Autor: Miguel Urbaneja Coronado

¿A dónde ir en Cumaná?



En estos últimos años no ha sido extraño para los cumaneses encontrarse con nuevas estructuras, imponentes que sobresalen en la ciudad simbolizando el avance arquitectónico. En una avenida vemos entonces un gran edificio cuya estructura destaca por su modernidad, mientras unos días más tarde, luego de ser inaugurado, aparece ya otro edificio en construcción aún más grande que el anterior.

En el curso de estos últimos cinco años hemos visto cómo florece la arquitectura de los más recientes centros comerciales inaugurados. Esto nos obsequia la oportunidad de conocer lugares donde hay una variada oferta que podemos disfrutar en familia, con amigos o solos. Pero, ¿a dónde podemos ir?

En realidad, puedes ir al lugar de tu preferencia y el que te permita disfrutar sanamente, que satisfaga tus necesidades de compartir y te permita un desplazamiento cómodo. De esta forma, puedes organizar visitas a alguno de esos centros comerciales e ir a cualquier de sus cafés o fuentes de soda; igualmente, degustar la variada gastronomía de las ferias de comida, con sus platos y postres. Si prefieres encontrar alguna buena lectura, tendrás ocasión de encontrar librerías a tu paso. Y para los pequeños, también hallarás zonas especialmente diseñadas para su recreación.        


Debemos cuidar los centros comerciales. Cada estructura que permita el compartir en nuestra ciudad merece realmente eso. Compenetrándonos con el desenvolvimiento de estos espacios fomentamos la interacción con la sociedad y así tener siempre a dónde ir.

Propósitos de Año Nuevo


El año, como un ciclo vital, redondea su fin de curso para luego entrar en un estado de calma. Luego de las fiestas de Navidad y Año Nuevo, los aguinaldos, las hallacas, los intercambios, ahora nos preparamos para un nuevo proyecto, un nuevo círculo que inicia el primero de enero, el día mundial de la Paz.

Nos preguntamos entonces qué hemos hecho, qué nos falta por hacer. Nos encontramos en la gran disyuntiva social, económica y hasta política acerca de estos detalles. Sin embargo, este nuevo período debe iniciarse pensando en nosotros mismos, y es por eso que definimos los llamados “propósitos de Año Nuevo”.

Por orden de importancia, para este nuevo año, requerimos de una buena sacudida. Nos han dejado a la ciudad nuevos proyectos a realizarse, y como ciudadanos deberíamos empezar a cumplir. Para mejorar aún más nuestra ciudad, empecemos por mejorar nosotros. Así que, ¿cuáles son nuestros propósitos de Año Nuevo?

La lista es “conmovedoramente” larga, por lo que podríamos empezar con cosas sencillas. Nos acercamos a los 500 años de fundación, y podríamos ya pensar en recuperar nuestros pasos viales, la señalización y la ampliación de nuestras carreteras; pero, ¿de qué nos sirve tener todo esto si no lo usamos? Así que, como propósito de año nuevo, me designo como un mejor ciudadano. Habíamos hablado de ser un ciudadano más limpio en otra ocasión; ahora, seamos un mejor peatón: respetemos las luces, las paradas y, por supuesto, nuestros nuevos transportes.

Miguel Urbaneja Coronado